Encuentro con el Secretario General de la OEA Luis Almagro

A juicio de la abogada y defensora de los Derechos Humanos, Adriana Vigilanza el encuentro que sostuvo con el Secretario General de la OEA, el reconocido jurista y diplomático, Luis Almagro fue muy productivo.

El pasado viernes, minutos antes de celebrarse la sesión en la sede del organismo internacional, para recibir la visita del Presidente de Chile, Sebastián Piñera, la abogada venezolana fue recibida por Almagro, quien escuchó atentamente  detalles del tema electoral venezolano, y las últimas sentencias realizadas por parte del TSJ en el Exilio.

También tuvo la oportunidad  de compartir con el embajador de Chile ante la OEA, Jorge Allende y su señora esposa, y miembros de la familia del diplomático chileno.

 

 

Anuncios

La decisión de intervenir: Comparación entre Bosnia en 1995 y Venezuela, en 2018

Por Adriana Vigilanza[1]

[1] Vigilanza es abogado venezolana, con Master en Derecho Comparado en la Universidad de Nueva York. Fue co-redactora de leyes en defensa de la descentralización y de recursos judiciales en defensa de elecciones auténticas, el último de ellos decidido por el tribunal Supremo de Justicia Legítimo, de Venezuela, que opera en el exilio.

En el año 1998, el ex Embajador de los EEUU ante la OTAN y ex Presidente del Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales Ivo H. Daalder, escribió un artículo titulado “La decisión de intervenir: Cómo acabó la Guerra en Bosnia” (Ver:      https://www.brookings.edu/articles/decision-to-intervene-how-the-war-in-bosnia-ended/. Traducción al español al final de este artículo). Me parece un artículo muy interesante para hacer una analogía con el horror que es Venezuela en el presente, porque en él su autor se pregunta que motivó el cambio radical en la confusa política exterior de la Administración Clinton, frente a la guerra en Bosnia. Cambio que parece que necesitamos urgentemente los venezolanos, de parte de la Administración Trump.

Sabemos que hay diferencias en las causas de los asesinatos de masas, entre la Bosnia de principios de los noventa y la Venezuela actual. Esas diferencias no son en número de víctimas. Apartando los centenares de asesinados por fuerzas del régimen, en Venezuela se han producido más de 350.000 asesinatos en los últimos 14 años. No existe país en el mundo con un índice superior de violencia y teniendo en cuenta que por Constitución, el Estado tiene el monopolio de las armas, tan enorme número de asesinato entre civiles, obedece a una política de Estado de no desarmar, ni pacificar. Los desplazados en el caso Bosnia 1995 fueron 1.8 millones y en el caso Venezuela, van aproximadamente 4 millones.

Una diferencia que sí es fundamental es que en el caso de Bosnia, existían varias “naciones”, cada una con su ejército propio y con objetivos encontrados. En el caso de Venezuela, se trata sólo de una población civil inerme, que está muriendo a cuenta gotas por la premeditada intención de un poder militar extranjero, el cubano, de sacrificar a esa población para procurarse el sustento económico que es incapaz de proveerse por sí solo.

Para el logro de su objetivo, la fuerza militar cubana logró aliarse con la Fuerza Armada de Venezuela, quien a su vez se alió con paramilitares (civiles armados por esos mismos militares), a cambio del know-how para el control social que garantizaría el saqueo al erario público, con impunidad, más servicios de inteligencia y asistencia diplomática, con lo cual la FAN venezolana preservaría por siempre, como sucede en Cuba, su tajada en el saqueo y también, en la producción y comercio de drogas. Si se tiene cuenta que el Tribunal Supremo de Justicia Legítimo de Venezuela sentenció a Maduro, el pasado 13 de agosto, a regresar a la nación venezolana 35.000 millones de dólares, por el desfalco cometido solamente en el caso de corrupción Odebrecht  (que de paso involucra también al ex Presidente de Brasil, otro aliado de Cuba, Lula da Silva), se comprenderá la magnitud del dinero sucio que ha estado en juego.

Ivo Daadler asegura en su artículo que mientras muchos en el mundo han escrito elocuente y apasionadamente para explicar lo que se considera un fracaso de Washington y de Occidente en detener la limpieza étnica en Bosnia, pocos han examinado por qué, en el verano de 1995, los Estados Unidos finalmente asumió un papel de liderazgo para terminar con esa guerra, interviniendo militar y unilateralmente, incluso cuando el propio Departamento de Estado estaba en contra y había una resistencia inicial en la ONU (irónicamente, un actor fundamental en que se produjese un cambio positivo de enfoque hacia la política de “fin del juego” de parte de los EEUU, en la ONU, fue el venezolano Diego Arria, quien por entonces presidió el Consejo de Seguridad de la ONU,  hoy perseguido del régimen cubano-venezolano). Ivo Daadler afirma que ese cambio se produjo cuando los dirigentes serbios ejecutores de la limpieza étnica,  a principios de marzo de 1985, decidieron que ese sería el último año de la guerra, adoptando una estrategia simple, pero descarada: ataques a gran escala contra los tres enclaves musulmanes orientales de Srebrenica, Zepa y Gorazde.

Como en la Bosnia de 1995, en Venezuela acaba de producirse,  el pasado  viernes 17, la ofensiva final de la fuerza militar extranjera, aliada al estamento militar venezolano: la total destrucción de la capacidad financiera de todos los pobladores de Venezuela y su sometimiento absoluto a una estructura criminal (no hay un verdadero Estado, en Venezuela), incapaz de satisfacerles sus necesidades más  básicas. No exageramos al decir que esto es el equivalente a los miles de asesinatos de musulmanes, a manos de militares serbios, aunque sea sin balas, a cámara lenta y no obedezca a distingo de raza, sexo, religión o posición política. El exterminio de la parte de la población venezolana que no logre huir del control de la banda internacional criminal que la pretende someter y aun de muchos de aquellos que sí se sometan a sus anárquicos designios, ya es un hecho, pues esa estructura criminal es incapaz de producir comida ni bienes de ningún tipo.

De acuerdo con Ivo Daadler, lo que provocó la intervención armada y unilateral de los EEUU y acabó la Guerra en Bosnia, fue el tamaño de la atrocidad humana que se cometió y se pretendía seguir cometiendo, contra musulmanes que estaban armados, sólo que no suficientemente. El ex Embajador de la OTAN no menciona ningún elemento de conveniencia económica para los EEUU que haya provocado esa intervención. Sí menciona la “percepción” negativa del mundo ante el reiterado fracaso de occidente en detener a los genocidas.

En el caso venezolano, la población atacada ni siquiera está armada. Es más que seguro que morirá por centenares, si se la dejada sola. Apartando el hecho de que en el caso venezolano es moralmente aún más necesaria la intervención militar en socorro de civiles en riesgo de exterminio, que en el caso de Bosnia 1995, existen además probadas alianzas del crimen cubano-venezolano con el terrorismo internacional. Encima de esto, la expansión de ese modus operandi del crimen organizado, por toda América, es algo que hasta a los políticos de los EEUU (que podrían sentirse seducidos por la posibilidad de poder que esto brinda) les debería preocupar.

Es ingenuo pensar que los capitales robados a Venezuela, por sus proporciones, no hayan logrado controlar una parte importante del poder político norteamericano, como controló también al poder financiero mundial, que les aceptó sin chistar capitales astronómicos curo origen evidentemente era la corrupción. Pero rogamos a Dios que la Administración Trump no haya sucumbido al poder del dinero venezolano y que ya hayan surgido mentes lúcidas, como paradójicamente lo fueron la de Madeleine Albright y Bill Clinton, al menos para el caso Bosnia.

 

La decisión de intervenir: Cómo acabó la Guerra en Bosnia

Por Ivo H. Daalder

Traducción de Adriana Vigilanza

(Nota: Las negrillas han sido de la traductora para evidenciar similitudes o los riesgos similares que ofrece al mundo el caso Venezuela).

Por más de cuatro años después de la desintegración de Yugoslavia y el comienzo de la guerra, primero en Croacia y luego en Bosnia, los Estados Unidos se rehusaron a tomar la iniciativa para tratar de poner fin a la violencia y el conflicto. Mientras muchos han escrito elocuente y apasionadamente para explicar el fracaso de Washington y de Occidente en detener la limpieza étnica, los campos de concentración y las masacres de cientos de miles de civiles, pocos han examinado por qué, en el verano de 1995, los Estados Unidos finalmente asumió un papel de liderazgo para terminar la guerra en Bosnia.

Una excepción notable fue Richard Holbrooke, quien relata su propia contribución crucial a la negociación de los Acuerdos de Paz de Dayton en su libro “To End a War” (“Terminar una Guerra”). Pero el relato de Holbrooke no deja claro qué cosa, además de su propia función de intermediación, sirve para explicar el cambio en la política de los EE. UU., incluida la decisión crítica de asumir un papel de liderazgo en el intento de terminar la guerra. Fue sobre la base de esa decisión que Holbrooke emprendió posteriormente su esfuerzo de negociación.

¿Qué explica, entonces, la decisión de la administración Clinton, en agosto de 1995, de intervenir decisivamente en Bosnia? ¿Por qué en 1995, si numerosos intentos previos de involucrarse en Bosnia fueron poco entusiastas en la ejecución y terminaron en fracaso? La respuesta es compleja, involucrando explicaciones en dos niveles diferentes. En primer lugar, a nivel de políticas. El enfoque cotidiano de gestión de crisis que había caracterizado la estrategia de la administración Clinton en Bosnia había perdido prácticamente toda credibilidad. Estaba claro que los eventos en el terreno y las decisiones en las capitales aliadas, así como en el Capitolio, estaban obligando a la administración a buscar una alternativa para salir del paso.

En segundo lugar, al nivel del proceso de formulación de políticas, el Presidente alentó a su asesor de seguridad nacional y al personal a desarrollar una estrategia integral y de largo alcance para Bosnia, que abandonó el enfoque gradual de los esfuerzos. Este proceso produjo un acuerdo sobre una nueva estrategia audaz diseñada para llevar el asunto de Bosnia a la cabeza en 1995, antes de que las elecciones presidenciales tuvieran la oportunidad de intervenir e inculcar una tendencia a evitar el tipo de comportamiento arriesgado necesario para resolver el problema de Bosnia.

El punto de quiebre

Aunque la evolución de la política de Estados Unidos en Bosnia, incluida la difícil situación de la administración Clinton en el verano de 1995, es relativamente bien conocida, los detalles del proceso de formulación de políticas de la administración durante este período, no lo son. Sobre la base de una nueva investigación extensa, que incluye numerosas entrevistas con participantes clave, ahora es posible comenzar a completar algunos de los detalles críticos sobre cómo la administración llegó a su decisión, en agosto de 1995. Aunque a principios de año 1995 pocos se dieron cuenta, resultaría ser el año decisivo para el futuro de Bosnia. Ese cambio se debió a una decisión, alcanzada por los dirigentes serbios de Bosnia a principios de marzo, de que el cuarto año de la guerra sería el último. El objetivo de los serbios de Bosnia era claro: concluir la guerra antes del comienzo del próximo invierno. La estrategia era simple, incluso si su ejecución era descarada. Primero, un ataque a gran escala contra los tres enclaves musulmanes orientales de Srebrenica, Zepa y Gorazde, cada uno de ellos un área internacional “segura” ligeramente protegida por una presencia simbólica de los EE.UU., capturaría rápidamente estos puestos avanzados musulmanes en el territorio bosnio controlado por los serbios. A continuación, la atención se trasladaría a Bihac, un cuarto enclave aislado en el noroeste de Bosnia, que sería asumido con ayuda de las fuerzas serbias croatas. Finalmente, con los musulmanes huyendo, Sarajevo se convertiría en el gran premio, y su captura por la caída concluiría efectivamente la guerra.

Traición en Srebrenica

A medida que la estrategia de los serbios de Bosnia se desarrollaba durante la primavera y el verano, la fuerza de protección de 20,000 efectivos de la ONU en Bosnia se enfrentó a un dilema funesto. La UNPROFOR (“Fuerzas de Protección de las Naciones Unidas”)  podría oponerse activamente al esfuerzo de los serbios de Bosnia y ponerse del lado de las víctimas musulmanas de la guerra. Pero esto implicaría sacrificar la imparcialidad que es el sello distintivo del mantenimiento de la paz en las Naciones Unidas. Alternativamente, la UNPROFOR podría preservar su tan cacareada neutralidad y limitar su función a la protección de suministros y organismos de socorro humanitario. Pero esto efectivamente dejaría a los musulmanes para enfrentar el asalto de los serbios de Bosnia prácticamente sin protección.

La preferencia de Washington fue clara. Repetidamente exigió que las fuerzas de las Naciones Unidas que detuvieran el último asalto de los serbios de Bosnia o, al menos, aceptaran los ataques aéreos de la OTAN, para castigar a las fuerzas serbias y proteger las áreas “seguras”. La mayoría de los aliados europeos tenían una opinión diferente. A diferencia de los Estados Unidos, muchos europeos habían arriesgado sus tropas al participar en la operación de las Naciones Unidas, bajo la premisa de que su participación a estaría limitado a un mandato estrictamente humanitario. Cuando ataques aéreos limitados a fines de mayo de 1995 provocaron la toma de rehenes de casi 400 pacificadores, rápidamente surgió un consenso dentro de la ONU y entre los países que aportan contingentes que, aunque limitados, los ataques aéreos de la OTAN causarían más daño que beneficio. La fuerza de las Naciones Unidas volvería a los “principios tradicionales de mantenimiento de la paz”. Esto envió el mensaje no tan sutil a los serbios de Bosnia de que ahora eran libres de seguir su estrategia preferida. Esa estrategia, llamada “limpieza étnica”, implicó el uso de asesinatos, violaciones, expulsiones y encarcelamientos a gran escala para expulsar a musulmanes y croatas del territorio que los serbios de Bosnia deseaban reclamar.

Los serbios de Bosnia implementaron su estrategia con resultados espeluznantes. En julio, las fuerzas serbias volcaron su atención a Srebrenica, un pequeño pueblo cerca de la frontera oriental con Serbia hinchada con unos 60,000 refugiados musulmanes. Fue allí donde el entonces comandante de las Naciones Unidas, el general francés Philippe Morillon, había hecho la postura final de la ONU dos años antes, declarando en ese momento: “Ahora están bajo la protección de las Naciones Unidas. Nunca los abandonaré”. A pesar de que la bandera de los la ONU sobrevolaba el enclave, el asalto de los serbios de Bosnia en julio de 1995 no encontró resistencia de la ONU, ni en el suelo, ni desde el aire. En 10 días, decenas de miles de refugiados musulmanes llegaron a la ciudad de Tuzla, controlada por los musulmanes. Desaparecidos de la corriente de refugiados había más de 7.000 hombres[1] de todas las edades, que habían sido ejecutados a sangre fría, asesinatos masivos a una escala que no se había presenciado en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

“No más pinchazos”

Srebrenica fue la mayor vergüenza del Oeste, con cada una de las 7.079 vidas perdidas, lo que subraya el hecho de que no actuaron a tiempo para evitar este acto de genocidio de la guerra de Bosnia. La culpa llevó a altos representantes de los Estados Unidos y sus aliados clave a acordar en Londres unos días más tarde que la OTAN haría una fuerte posición en Gorazde, al defender a la población civil de la ciudad. (Esta decisión se extendió luego a las otras tres áreas “seguras” restantes de Bihac, Sarajevo y Tuzla; Zepa había caído anteriormente en manos de los serbios de Bosnia). Los aliados acordaron que un ataque, o incluso una amenaza a Gorazde, se encontrarían con una campaña aérea “sustancial y decisiva”. “No habrá más huelgas de pinchazo”, declaró el Secretario de Estado Warren Christopher. Unos días más tarde, el Consejo del Atlántico Norte elaboró ​​los detalles operativos finales de la campaña aérea y pasó la decisión a los comandantes militares de la OTAN sobre cuándo llevar a cabo las huelgas.

Rompiendo  la caja

A fines de julio, Estados Unidos y sus aliados enfrentaron una situación que requería una acción concertada. La estrategia de confusión que caracterizó la política estadounidense desde el comienzo del conflicto, claramente ya no era viable. El Presidente dejó en claro a sus asesores superiores que quería salir de la caja en la que se encontraba la política de los EE.UU. Este cuadro había sido creado por una estrategia diplomática impracticable, de ofrecer concesiones cada vez mayores al presidente serbio, Slobodan Milosevic, sólo para poner a los serbios de Bosnia a la mesa; por la negativa de larga data de poner a las tropas estadounidenses en el suelo; por la resistencia aliada al uso de la fuerza, siempre que sus tropas puedan ser tomadas como rehenes; por un comando de las Naciones Unidas que insistió en los “principios tradicionales de mantenimiento de la paz” a pesar de que la guerra estaba en su apogeo; y por un Congreso de los EE.UU. empeñado en tomar las riendas de la moral, levantando unilateralmente el embargo de armas al gobierno bosnio sin, sin embargo, asumir la responsabilidad por las consecuencias de hacerlo.

Sin embargo, la administración Clinton había estado aquí antes. A principios de 1993 rechazó el Plan de Paz Vance-Owen; en mayo de 1993 intentó vender una política para levantar el embargo de armas y realizar ataques aéreos mientras los musulmanes estaban siendo armados; y en 1994 buscó repetidamente convencer a los aliados de apoyar ataques aéreos estratégicos. Cada vez, la nueva política fue rechazada o archivada, y un enfoque gradual de gestión de crisis fue una vez más sustituido por un enfoque viable para poner fin a la guerra.

¿Por qué el verano de 1995 fue diferente? ¿Por qué surgió un consenso firme sobre una estrategia concertada ahora, cuando se había eludido a la administración Clinton durante más de dos años? La respuesta, en parte, radica en los horrores presenciados por Srebrenica, una sensación de que esta vez los serbios de Bosnia habían ido demasiado lejos. Ciertamente ese fue el caso en el Pentágono, donde el secretario de Defensa William Perry y el Presidente de JCS, John Shalikashvili, tomaron la iniciativa para impulsar el tipo de vigorosa campaña aérea que finalmente se acordó en Londres. La verdadera razón, sin embargo, era la palpable sensación de que Bosnia era el cáncer que se tragaba la política exterior estadounidense, en palabras de Anthony Lake, asesor de seguridad nacional de Clinton. La credibilidad de los EE.UU. en el extranjero  se veía socavada perceptiblemente por lo que estaba ocurriendo en Bosnia, y por el fracaso de Estados Unidos y la OTAN en ponerle fin. Con las elecciones Presidenciales a poco más de un año, la Casa Blanca en particular sintió la necesidad de encontrar una salida.

Era una salida que el Presidente exigió a su equipo de política exterior en junio de 1995. Encabezada por el personal del Consejo de Seguridad Nacional y fuertemente apoyada por Madeleine Albright (entonces embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas), se desarrolló la primera estrategia coherente de Bosnia. Esta estrategia por primera vez concuerda con la fuerza y ​​la diplomacia de una manera que rompería el impasse político que había estrangulado a Washington por tanto tiempo. Fue un debate entre el Presidente y sus asesores en el transcurso de tres días en agosto, cuando fue aceptado por Clinton, se convirtió en la base del triunfo diplomático en Dayton tres meses después.

Lake impulsa el proceso

Dado el empeoramiento de las atrocidades en Bosnia y el creciente descontento con la política de Estados Unidos, ¿cómo pasó la administración de su parálisis de 1994, a su rol constructivo a fines de 1995? En mayo de 1995, Tony Lake comenzó a considerar cómo podría cambiarse la política de EE.UU. hacia Bosnia, en una dirección más productiva. Comenzó a reunirse informalmente con personal clave de su personal del NSC (incluido su adjunto, Sandy Berger, y sus principales ayudantes de Bosnia, Sandy Vershbow y Nelson Drew) para considerar cómo los Estados Unidos podrían ayudar a cambiar el curso de la guerra.

Hacía mucho tiempo que estaba claro que el progreso hacia un acuerdo negociado sólo era posible si los serbios de Bosnia comprendían que no alcanzarles una solución diplomática les costaría caro. Durante casi un año, los Estados Unidos y sus socios del Grupo de Contacto (Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia,) trataron de presionar a los líderes serbios de Bosnia, con sede en Pale, para que acordaran iniciar negociaciones serias al convencer a Milosevic de suspender la economía y especialmente, asistencia militar a los serbios de Bosnia. A pesar de que se le ofrecieron varios incentivos (incluidas negociaciones directas con los EE.UU y la suspensión de las sanciones económicas de la ONU), Milosevic nunca cumplió.

Esto dejó la presión militar -la amenaza o el uso real de la fuerza contra los serbios de Bosnia- como la única palanca real para convencer a Pale de que una solución diplomática era beneficiosa para él. Sin embargo, más de dos años de tratar de convencer a los aliados de la OTAN de este hecho no condujeron a nada. En todos los frentes, Londres, París y otros aliados resistieron el tipo de medidas contundentes que se requerían para tener un impacto real en la dirección de los serbios de Bosnia. En sus discusiones informales, Vershbow y Drew sugirieron que la única forma de superar esta resistencia era igualar los riesgos entre los Estados Unidos por un lado y aquellos aliados con tropas en el suelo, por el otro. Esto podría lograrse ya sea desplegando fuerzas estadounidenses junto con las tropas europeas o forzando la retirada de la fuerza de los EE.UU. Como el Presidente había descartado sistemáticamente desplegar fuerzas terrestres estadounidenses en Bosnia, excepto para ayudar a hacer cumplir un acuerdo de paz, la única forma de ejercer una presión militar significativa sobre los serbios de Bosnia, sería después de que se hubiera retirado la UNPROFOR. Lake estuvo de acuerdo con esta evaluación y propuso que su personal empezase a trabajar en una estrategia “posterior a la retirada”: los pasos que los EE.UU. deberían tomar, una vez que la UNPROFOR hubiera desaparecido.

UNPROFOR como obstáculo

La conclusión del NSC de que la fuerza de los EE.UU. era parte del problema en Bosnia y no parte de la solución, fue compartida por Madeleine Albright, durante mucho tiempo la principal vocera de la administración Clinton en Bosnia. En junio de 1995, una vez más hizo su caso, presentando a Clinton un memorándum apasionadamente argumentado, instando a un nuevo impulso a los ataques aéreos con el fin de poner a los serbios de Bosnia a la mesa. El memorando de Albright señaló que si los ataques aéreos requerían la retirada de la UNPROFOR, entonces que así fuera. El Presidente estuvo de acuerdo con el contenido de su argumento y llegó a ver a la UNPROFOR como un obstáculo para una solución para Bosnia. Como bien sabía Clinton, la fuerza de los EE.UU. representó la oposición aliada, no sólo a los ataques aéreos, sino también a levantar el embargo de armas a Bosnia, que había privado al gobierno de ejercer su derecho a la legítima defensa.

Sin embargo, justo cuando la Casa Blanca y Albright llegaron a la conclusión de que la UNPROFOR se debería ir, más pronto que tarde, los altos funcionarios de los Departamentos de Estado y de Defensa se preocuparon cada vez más por las consecuencias de la retirada de la ONU de Bosnia. Específicamente, les preocupaba que la partida de la UNPROFOR requiriera el despliegue de hasta 25,000 soldados estadounidenses para ayudar en la retirada, como la administración había comprometido, en diciembre de 1994. Holbrooke relata que estaba “aturdido” y que Christopher estaba “asombrado” por la grado en que Estados Unidos parecía estar comprometido con este plan “audaz y peligroso”. En lugar de centrarse en cómo se podría resolver la situación en Bosnia, el Departamento de Estado y el de Defensa, instaron a los Estados Unidos a no hacer nada que obligue a los aliados a decidir que ha llegado el momento de la partida de la UNPROFOR. En cambio, el énfasis debería estar en mantener la fuerza de la ONU en su lugar, incluso si eso significaba acceder a los deseos aliados de no realizar más ataques aéreos para detener los avances militares de los serbios de Bosnia u ofrecer más concesiones a Milosevic en un esfuerzo por hacer que Pale se sentara a la mesa de negociaciones.

La estrategia del final del juego

Dada la posición de los Departamentos de Estado y Defensa sobre este tema, Anthony Lake se enfrentó a una decisión crítica. Podía aceptar que no había consenso para nada más que continuar una política de confusión, o podía forjar una nueva estrategia y lograr que el Presidente apoyara un esfuerzo concertado para abordar seriamente el problema de Bosnia de una vez por todas. Habiendo aceptado por más de dos años la necesidad de consenso como la base de la política y como consecuencia, no haber logrado avanzar, Lake decidió que había llegado el momento de forjar su propia iniciativa política. Fue fortalecido en esta determinación por el deseo evidente del Presidente de una nueva dirección.

En una mañana de sábado a fines de junio, Lake y sus principales ayudantes del NSC se reunieron en su oficina del Ala Oeste para una discusión intensiva de cuatro horas sobre qué hacer en Bosnia. Pronto surgió un consenso sobre tres aspectos clave de una estrategia viable. En primer lugar, la UNPROFOR tendría que irse. En su lugar vendría una nueva fuerza de la OTAN desplegada para hacer cumplir los términos de un acuerdo de paz o el tipo de acción militar concertada de los Estados Unidos y la OTAN que la presencia de la U.N. hasta ahora había impedido. En segundo lugar, si se llegara a un acuerdo entre las partes, era evidente que dicho acuerdo no podría satisfacer todas las demandas de justicia. No fue posible una solución diplomática que revirtiera todas las ganancias de los serbios de Bosnia. En tercer lugar, el éxito de un último esfuerzo para lograr un acuerdo político dependerá fundamentalmente de que la amenaza de una fuerza significativa recaiga sobre las partes. Los últimos tres años demostraron que sin la perspectiva del uso decisivo de la fuerza, las partes permanecerían intransigentes y sus demandas serían maximalistas.

Lake le pidió a Vershbow que redactara un documento de estrategia sobre la base de esta discusión. El asesor de seguridad nacional también le consultó al Presidente sobre la dirección de su pensamiento. Específicamente, le preguntó a Clinton si debía seguir este camino, sabiendo que en un año de elecciones presidenciales, Estados Unidos tendría que comprometer una fuerza militar significativa para hacer cumplir un acuerdo o para provocar un cambio en el equilibrio de poder militar sobre el terreno. Clinton le dijo a Lake que siguiera adelante, indicando que el status quo ya no era aceptable.

El documento de Vershbow estableció una “estrategia de final de juego” para Bosnia, enfatizando tanto su naturaleza integral como su objetivo de terminar con el impasse político en Washington. La estrategia propuso un último esfuerzo para alcanzar una solución política aceptable para las partes. Los lineamientos de dicha solución, que se basaban en el plan del Grupo de Contacto de 1994, incluían: el reconocimiento de la soberanía e integridad territorial de Bosnia, dentro de sus fronteras existentes; división de Bosnia en dos entidades: una entidad serbia de Bosnia y una federación croata de musulmanes; las fronteras de las entidades se dibujarían de forma compacta y defendible, y el territorio de la federación representaría al menos el 51 por ciento del total; y la aceptación de relaciones especiales paralelas entre las entidades y los estados vecinos, incluida la posibilidad de realizar un referéndum futuro sobre la posibilidad de secesión.

A fin de proporcionar a las partes un incentivo para aceptar este trato, la estrategia también abogó por colocar el poder militar estadounidense (preferiblemente junto con el poder aliado, pero si fuera necesario) al servicio del esfuerzo diplomático. Al presentar a las partes los lineamientos de un posible acuerdo diplomático, Estados Unidos dejaría en claro qué precio tendría que pagar cada parte si las negociaciones fracasaran. Si los serbios de Pale rechazan un acuerdo, los Estados Unidos, después de la retirada de la UNPROFOR, insistirán en levantar el embargo de armas al gobierno bosnio, proporcionar armas y entrenamiento a las fuerzas de la federación y llevar a cabo ataques aéreos durante un período de transición para para permitir que la federación tome control y defienda el 51 por ciento del territorio de Bosnia que fue asignado bajo el plan de paz. Por el contrario, si los musulmanes rechazaban un acuerdo, Estados Unidos adoptaría una política de “levantarse y marcharse”, elevando el embargo de armas pero dejando la federación a su suerte.

El camino a Dayton

A pesar de la considerable oposición a la estrategia de final de juego del Departamento de Estado (con el secretario de Estado Warren Christopher preocupado de que ni el Congreso ni los aliados aceptarían la pista militar) y el Pentágono (donde muchos funcionarios creían que la partición de Bosnia sería la única solución viable), el Presidente decidió a principios de agosto apoyar la posición del NSC. Envió a su asesor de seguridad nacional para persuadir a los aliados europeos clave, así como a Moscú, de que la nueva estrategia de EE.UU. era su mejor apuesta para resolver el embrollo bosnio. El Presidente le dijo a Lake que dejara claro a los aliados que estaba comprometido con este curso de acción, incluida la vía militar, incluso si Estados Unidos se viera obligado a implementarlo por sí mismo.

El mensaje de Lake fue bien recibido en las capitales aliadas. Por primera vez, Estados Unidos había demostrado liderazgo en este tema, y ​​si bien muchos tenían sus dudas sobre la sabiduría de la vía militar, todos apoyaron la estrategia en su totalidad, como la última mejor esperanza para poner fin a la guerra en Bosnia.

Las exitosas reuniones de Lake en Europa sentaron las bases para los posteriores esfuerzos de Richard Holbrooke para forjar un acuerdo de paz. En esto, Holbrooke tuvo éxito brillante. Ayudado por una exitosa ofensiva croata-bosnia (que revirtió las ganancias territoriales serbias del 70% que Pale había mantenido desde 1992 a menos del 50% en cuestión de semanas) y una prolongada campaña de bombardeo de la OTAN que siguió al bombardeo serbio del mercado de Sarajevo, a fines de agosto, el equipo negociador de los Estados Unidos aprovechó habilidosamente el cambiante equilibrio de poder militar para concluir los Acuerdos de Paz de Dayton el 21 de noviembre. A fines de 1995, el liderazgo de los Estados Unidos había transformado a Bosnia en un país en relativa paz, una paz impuesta por 60,000 y las fuerzas de la OTAN. Sorprendentemente, el problema que había obstaculizado por mucho tiempo a los responsables de la toma de decisiones de OTAN -la vulnerabilidad de las tropas de la UNPROFOR- se resolvió con relativa facilidad. En diciembre de 1995, cuando comenzó la implementación de Dayton, la mayoría de las tropas de la UNPROFOR cambiaron sus cascos y se transformaron instantáneamente en soldados de IFOR [Fuerza de Implementación]. Aquellos que no estuvieron de acuerdo, partieron de Bosnia sin hacer oposición a la ayuda de la OTAN.

Lecciones para Kosovo

Cuando estalló la crisis en la provincia serbia de Kosovo, a principios de 1998, altos funcionarios estadounidenses de Madeleine Albright y Richard Holbrooke miraron hacia el éxito en Bosnia para obtener lecciones sobre cómo lidiar con este nuevo problema. Argumentando que los errores de Bosnia no se repetirían, pidieron una respuesta temprana de la comunidad internacional a las últimas atrocidades en los Balcanes, un vigoroso liderazgo estadounidense desde el primer momento y una amenaza creíble para respaldar los esfuerzos diplomáticos para resolver el problema. Cada uno de estos fueron elementos importantes para finalmente ayudar a resolver el enigma bosnio en el verano de 1995.

Pero como demostró el caso de Kosovo, no fueron suficientes. Aparte del liderazgo concertado de los EE.UU. y la vinculación de la fuerza y ​​la diplomacia en formas de apoyo mutuo, el éxito en Bosnia requería una clara idea de cómo debería resolverse el conflicto y la voluntad de imponer esta visión a las partes. La estrategia del final del juego brindó la visión; los esfuerzos diplomáticos de Holbrooke produjeron un acuerdo basado en esa estrategia.

Aquí es donde Kosovo difiere de Bosnia. Si bien el liderazgo de los EE.UU. y la amenaza de una fuerza significativa han marcado los esfuerzos internacionales para resolver este conflicto, no ha habido una visión clara de cómo se puede poner fin al conflicto, ni la voluntad de imponer esa visión, si es necesario. Durante meses, los diplomáticos de EE. UU. han tratado de desarrollar un acuerdo interino para el estado futuro de la provincia, que otorgaría una autonomía sustancial a Kosovo, pero pospondría una decisión sobre su estado final durante tres años. En esencia, esto pone en marcha la cuestión fundamental de la posible independencia de Kosovo en el futuro.

Además, Washington no ha dado ninguna indicación de que esté dispuesto a imponer su solución preferida, ni que asegure que cualquier acuerdo que pueda surgir de las negociaciones se implemente mediante el despliegue de la potencia de fuego necesaria de la OTAN, sobre el terreno. Sin un plan claro para el futuro estatus de Kosovo y una voluntad visible de hacerlo, la política hacia Kosovo probablemente sea poco más que el enfoque confuso que caracterizó a la política de Bosnia de Estados Unidos en su período menos efectivo.

[1] La guerra duró poco más de tres años y causó cerca de 100 000 víctimas entre civiles y militares y 1.8 millones de desplazados, según informes recientes

Sentencia del TSJ en el exilio es legítima y representa un acto de justicia

Estimados:
Después de más de muchos años de lucha, conseguimos un resultado tangible, inimaginable hace unos pocos años:
Una sentencia de parte del máximoTribunal Legítimo de Venezuela, declarando NULO el voto y escrutinio automatizado, por ser violatorios de la Constitución (no permiten la transparencia que exige el Art. 294) y  Tratados Internacionales de Derechos Humanos.
 
Además, declaró:
1. La necesidad de que sean cambiados los Rectores del CNE y 
2. La necesidad de que sea depurado el Registro Electoral. 
 
Todo esto, antes de que pueda haber una nueva elección en Venezuela, que pueda llamarse “elección auténtica” y respete el derecho humano a elegir.
 
Por cuanto lo pedí en mi Recurso, estas actuaciones deben ser remitidas por la Sala Electoral a la Fiscal General de la República, Luisa Ortega (también en el exilio), para que inicie las averiguaciones por la comisión de hechos punibles de corrupción en la contratación de Smartmatic, empresa con la que se inició el sistema de voto electrónico o automatizado, en Venezuela y contra los Rectores del CNE (todos), por usurpación de funciones, ya que nunca han sido designados conforme establece la Constitución.  
 
Son muchos los ciudadanos a quienes hay que darles las gracias por sus aportes para este resultado, incluyendo a los propios Magistrados de la Sala Electoral del TSJ, Domingo Salgado (Ponente), Rommel Gil, Ildelfonso Ifill Pino y Alvaro Rafael Marín, pero para no dejar a alguno por fuera (siempre pasa), no los menciono aquí, aunque lo hice por twitter y lo hizo mi amigo de lucha y testigo en este juicio, Luis Manuel Aguana, en su artículo:
 
 
Aprovecho para rogarle a colegas que aún albergan dudas respecto de la legitimidad y Constitucionalidad de la labor del TSJ Legítimo, que se paren a pensar que el Artículo 333 de la Constitución nos impone el deber de restablecer la vigencia de la Constitución, pero no nos dice cómo. Así que es deber del jurista intérprete de la Constitución y guiado por el deber de que sea administrada justicia, abrir los caminos, aunque sean ahora inéditas, que permitan que cumplamos con ese deber.
 
No se puede llegar a  la conclusión de que hay que privar de justicia a un pueblo, porque unos usurpadores no permitan el ejercico de la función jurisdiccional en el territorio Venezolano. 
 
Eso, con todo respeto de mis colegas que no piensan igual, para mí equivale a razonar que si un barco naufraga y me lanzan una tabla para que no me ahogue, yo rechace la tabla porque “no viene de un bote salva-vidas sino de muebles de la cocina del barco”. Hay que luchar por la justicia y si en un momento dado ello está fuera del Derecho, hay que construirle las vías. Ese es el deber de todo abogado para con la soceidad, según nos decía Ulpiano.
Este link que les copio de seguidas, contiene los argumentos jurídicos del Constitucionalista José Vicente Haro, en favor de la validez de decisiones del TSJ Legítimo, que suscribo plemamente:
https://www.lapatilla.com/2018/06/20/luis-manuel-aguana-es-legitimo-y-constitucional-el-tribunal-supremo-de-justicia-venezolano-en-el-exilio/ Estos razonamientos son compartidos por la Dra Blanca Rosa Mármol de León, Magistrada Emérita del TSJ de Venezuela.
 
Aquí el link con la sentencia:
Por lo expuesto, es obvio que este ha sido un gran paso, puesto que avala la decisión de la comunidad internacional en desconocer las eleccones amañadas que se vienen celebrando en Venezuela y sienta las bases para reconstruir el sistema electoral, a futuro.
Saludos cordiales,
Adriana Vigilanza G.

Celebro Sentencia del TSJ en el Exilio al declarar Nulidad del Sistema Electoral Venezolano

En sentencia del 13 de junio de 2018, la Sala Electoral del  Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela legítimo, en el exilio, declaró que el voto y el escrutinio automatizados (electrónicos), son contrarios a la transparencia que exige el Artículo 294 de la Constitución de Venezuela y al derecho humano a elegir en elecciones auténticas.

Esta sentencia, sin duda representa una pieza histórica. Es la reivindicación de la persistencia y tenacidad de insignes miembros de la sociedad civil venezolana, entre los que podemos mencionar a Ezequiel Zamora, Luis Genaro Mosquera, Guillermo Salas Delfino, Luis Manuel Aguana, María Mercedes Febres-Cordero, Ludwig Moreno, Bruno Egloff, Alfredo Weil, María Elena Arenas, Iruña “Urru” Urruticoichea (por su extraordinario aporte a la investigación, con su página web), José Méndez, Sonia Guanipa, Pablo Medina, Guillermo Prieto, William Jiménez, Vanessa Friedman y tantos otros ciudadanos que nos hicimos eco de las denuncias que por años venían formulando los expertos, algunos de los cuales las llevamos al Tribunal Supremo de Justicia en Venezuela, en el marco de los procesos electorales del 7 de octubre de 2012 y 14 de abril de 2013, aparte de a instancias internacionales, entre ellos, Marisol Sarría Pietri, Theresly Malavé, Gustavo Briceño, Antonio Varela y Lisstette Beherens, entre otros abogados.

Fueron años de lucha por adecentar nuestra política. Lo cual empieza por el sistema electoral.

Damos una felicitación especial a los Magistrados del TSJ en el exilio, en especial a su Sala Electoral y al Ponente, Dr. Domingo Salgado. Una vez emitida la sentencia, no tenemos por qué omitir nuestros agradecimientos, sobre todo porque Venezuela no se encuentra en un período “normal” de su historia republicana, sino por el comentario, sumida en la injusticia, la corrupción y el fraude”.

¡Muchas gracias!

 

Adriana Vigilanza

https://twitter.com/TSJ_Legitimo/status/1006897063768911873?s=08

“Venezuela: en un país marcado por la violación reiterada de todos los DDHH, no hay garantías para elecciones auténticas”

 

 

 

Durante la Conferencia  denominada “Guerreros por la Libertad de Venezuela”, efectuada en Atlanta, Estados Unidos, Adriana Vigilanza detalló la necesidad que tiene el país de unas elecciones libres, genuinas y auténticas, y no un fraude electoral como el que tiene diseñado el régimen para el venidero 20 de mayo.

El panel, que estuvo conformado por Adriana Vigilanza, Asdrúbal Aguiar, Diego Arria y Tamara Suju, hizo una radiografía sobre los acontecimientos que actualmente se viven en Venezuela y que de una manera u otra afectan a la población, tanto en el ámbito político como en el económico.  En este link está toda la conferencia:

https://drive.google.com/file/d/112opCRKMI-vxmTJCkX8lgO59ZirCnTlv/view?usp=drive_web

 

 

 

 

Los “Guerreros” que luchan por la libertad de Venezuela claman por Ayuda Humanitaria

IMG-20180331-WA0033IMG-20180817-WA0037

IMG-20180401-WA0045

El pasado 31 de Marzo se inauguró la  exposición de arte Guerreros de la Libertad en el Centro por los Derechos Humanos y Civiles de Atlanta en los Estados Unidos. La ocasión fue propicia para que los panelistas,  conformado por Adriana Vigilanza, Asdrúbal Aguiar, Diego Arria y Tamara Suju, realizaran una radiografía sobre los acontecimientos que actualmente se viven en Venezuela y cómo afectan a los ciudadanos en todos los niveles.Asdrúbal Aguiar presentó un discurso memorable sobre la historia de Venezuela y las razones que llevaron al detrimento de la calidad de vida de los venezolanos.

“No  hay diagnóstico posible si no se le sirve a la verdad, somos el segundo país más violento del mundo, sometidos a una dictadura marxista dirigida desde La Habana, niños hambrientos mueren en las puertas de los hospitales, la población a perdido un promedio de 10 kilos de peso”, dijo Aguiar durante su intervención. Aseguró que el país vive bajo un fascismo político de un régimen opresor.

 

La conferencia también contó con la participación de Tamara Sujú, Adriana Vigilanza y tuvo como moderador al diplomático norteamericano Rafael Noriega

“Hay que pedir la intervención de Venezuela por motivos humanitarios”, exhortó este sábado el grupo de personalidades que participó en la conferencia denominada Guerreros por la Libertad de Venezuela, efectuada en la ciudad de Atlanta, Estados Unidos.

En este sentido exhortaron a los dirigentes políticos que salieron del país y que “lograron salvar a sus familias” a que busquen los mecanismos necesarios para ayudar a los venezolanos perjudicados por la situación.

 

IMG-20180401-WA0046

 

Este 31 de marzo se celebrará en Atlanta el evento “Guerreros de la Libertad de Venezuela”

El evento “Guerreros de la Libertad de Venezuela” se llevará este  Sábado 31 de Marzo de 7:00p.m a 9:00 pm (hora costa Este, en Atlanta, USA).  Estarán  presente en el evento #FreedomWarriorsVE  Adriana Vigilanza, Tamara Sujú, Asdrúbal  Aguiar y Roger Noriega.

Evento gratis RSVP: http//bit.ly/FreedomWarriorsVE 🔴Transmisión live: https://t.co/pcbTjJHw1K https://t.co/FedGuGY5Bi

Pueden verlo en vivo vía Livestresm a través del canal Youtube, a partir de las 7 p.m. (hora de Atlanta). ¡Por favor, corran la voz!

Este es el link:
https://youtu.be/VRrJE0zTPYg

“El vil egoísmo”, que nunca más triunfó

Aproximadamente en el año 2008, un grupo de venezolanos, liderados por mujeres muy aguerridas, entre ellas mi amiga Irma González (adeca de las de antes, de  las que defendían la democracia) formamos una coalición llamada “Venezuela Libre“.

Recuerdo que al acto de su “proclamación” invitamos, entre otros, al Vice Almirante Iván Carratú Molina. También a otras personalidades patriotas. Fue en el auditorio de un Colegio  en Cumbres de Curumo.  Formé parte de  esa plataforma, hasta que los partidos la infiltraron. Fue “absorbida” por otras ONGs que trabajaban en coordinación con los partidos. En ese entonces, yo era parte, también, de Ciudadanía Activa. La sede de Ciudadanía Activa fue empleada para varias reuniones posteriores.

Ahí, por pura intuición, percibí que algo no me gustaba. Recuerden que en esos años, aún no se entendía bien el tema de la doble cara de muchos en los partidos y hasta ONG. Llamo “doble cara” a eso de infiltrar agrupaciones ciudadanas “puras” para encausarlas a seguir participando ciegamente en elecciones absurdas porque no tenían un ápice de transparencia. En mi criterio, el que jugó el papel de desarticularnos a los ciudadanos fue un señor llamado José Luis Vera. Se convirtió en un apéndice de quienes sólo trabajaban para llevar a la gente a seguir votando en elecciones amañadas. Ahora salen con ese “Frente amplio Venezuela Libre” y recuerdo con tristeza y hasta indignación, la impostura. Hasta el nombre nos lo robaron. El problema grande es que a esa gente se le da recursos para que sigan en eso, mientras a los ciudadanos nos toca poner de nuestro dinero propio y dejar de producir más, para dedicar tiempo a defender la democracia o denunciar al régimen.

Llegué a postularme como candidata independiente en las Primarias de 2010. Pero entonces, con otro ardid nos desarticularon los partidos. Nos pusieron a competir por los 2 curules de Miranda, contra Lázaro Forero e Iván Simonovis. Fui la UNICA pre candidata que se retiró por razones éticas. Todos los demás aceptaron el juego. La MUD finalmente le dio por consenso un curul a Iván Simonovis (después de mucha presión de parte de su esposa Bonis) y al pobre Lázaro, con una condena idéntica de 30 años por el pecho, lo mandaron a “competir” en una lista por uno de los Estados más Chavistas, Vargas.

Así que la historia del hundimiento de Venezuela es la historia de una sociedad cómplice y sin ética. Lo cumbre es que después Roberto Enrriquez me pidió que formara parte de la Dirección Nacional de COPEI, a lo cual accedí porque había “hablado con Dios” y le había dicho que sí era su voluntad que me uniera a algún partido (ya que como independiente me había sido imposible llegar a poder influir en los partidos), que me buscara a mí un partido. ¡Y apareció Roberto! Acepté y acudí a las reuniones ampliadas de la Dirección Nacional de COPEI. Pero aunque expuse ante la DPN, hasta la saciedad, los problemas del Estado Comunal y las elecciones no auténticas, no obtuve apoyo. Al final, decidí ir sola a demandar la Nulidad de las Elecciones Presidenciales de 2012 y luego las de 2013. En COPEI me dijeron que yo tenia libertad de conciencia y el partido no se opondría. Pero que ellos no me acompañarían en el Recurso. Fui al TSJ junto con otros colegas e incluso personas que se identificaban con otros partidos. Y otras religiones. Fue muy bello constatar que habíamos católicos, evangélicos, judíos y mormones, firmando el Recurso de 2013. Eso, para mi, fue emblemático. La razón la dejo para el libro que escribo.

Luego vino la pelea a muerte de Pedro Pablo Fernández y Roberto Enrriquez, por el control del partido. De nuevo fui manipulada porque la razón esgrimida  por el grupo que no quería que Roberto siguiera en la dirección política fue que esa DP no rendía cuentas. Como yo en efecto no tenia ni idea de  dónde y quienes financiaban al partido, sentí que era justo que se pidiera rendición de cuentas. Al final esa pelea no ha sido sino otro “quítate tú, pa’ ponerme yo”. La historia del “Vil egoísmo, que otra vez triunfó” que en efecto, “triunfó”, porque acabó con Venezuela.

Por eso, mi gran causa ahora, aparte de lograr una decisión judicial que por fin diga la verdad sobre el sistema electoral nauseabundo que ha sido instaurado en Venezuela desde 2004, para lo cual demandé al sistema y los Rectores (TODOS), ante el TSJ en el exilio), este 23 de febrero de 2018, es que cambiemos la letra del Himno Nacional. Para ello, ya hice la investigación histórica que sustenta mi hipótesis inicial: esa estrofa no pertenece a la época en la que el “Glorial Bravo Pueblo” se hizo canción patriótica, sino a la época en la cual el himno era una canción realista.
Invi

to a todos a que, “por ahora”, cantemos “El Vil egoismo, que nunca más triunfó”. Ya se verá si Dios quiere que cambiemos el himno, con justísima  causa.

Adriana Vigilanza García